Deep Cleanse. Dos palabras que podrían o no sonar intimidantes cuando se leen de primera entrada. Pero después de algunos días sin tener la mejor rutina facial o cuando estamos buscando comenzar un nuevo régimen de limpieza, siempre es importante realizar un reseteo de nuestra piel para prepararla para la nueva etapa.

Por Esteban G Villanueva
@estebangvillanueva

Existen muchas formas de lograr esto, sin embargo, hay algunos pasos específicos que es bueno seguir para asegurarse de que llegamos a una limpieza profunda y que nuestro rostro está listo para el siguiente nivel. 

El punto de una limpieza facial profunda es  poder eliminar todas las células muertas que se acumulan en las capas superiores de la piel (y que a veces no son erradicadas con nuestra rutina diaria) y limpiar los poros profundamente. Esto, además de mejorar la textura y apariencia del rostro (si se hace periódicamente) revela una piel nueva lista para la rutina. 

Para una limpieza profunda se pueden distribuir los pasos a seguir en tres puntos. La limpieza per sé, la exfoliación y el cuidado post exfoliante.

En el primer punto se debe realizar una limpieza lo más detallada posible. Los expertos recomiendan hacerlo primero con un limpiador en aceite, que permite eliminar los rastros de maquillaje, bloqueador solar,  y continuarlo con un limpiador regular que permita erradicar cualquier lípido restante en el rostro. 

Se debe continuar esto con una exfoliación, que es lo que permite erradicar las células muertas de la piel. Existen dos principales formas de llevar esto a cabo, mecánica o químicamente.

En el primer caso se hace uso de partículas o materiales que generen una abrasión mecánica en la piel. Es decir, que con el movimiento de las manos raspe (de manera sana) las células muertas.

En el caso de una exfoliación química se hacen uso de sustancias que disuelven las células muertas del rostro. No necesariamente son químicos de laboratorio, existen opciones naturales y escoger una depende del tipo de piel que cada persona tenga. 

Finalmente, se termina el proceso con una recarga de los nutrientes e hidratación que la piel puede haber perdido durante el proceso de limpieza. Hidratarla y aplicar un serum regenerante es la mejor opción y permite, gracias a la exfoliación y limpieza, que se de una mejor absorción del producto por el rostro. 

Realizar una limpieza profunda puede mejorar la manera en la que nuestra piel se comporta y cómo reacciona ante distintos tratamientos o procesos. Es un protocolo sencillo que definitivamente sienta bases sólidas para una gran rutina de limpieza facial.