Además de ser un arquitecto visionario, Diego van der Laat es un escritor introspectivo. Con mucha curiosidad sobre su nuevo libro, conversamos con él para entender un poco de dónde le viene el impulso de crear constantemente y, así, conocer la historia detrás de cada imagen de Whisky, su propio homenaje al recuerdo y las mañas de la memoria.

 Por Marjorie Espinal. Fotos: Pablo Cambronero.

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 Antes de hablar sobre tu libro, contanos un poco sobre el papel que juega en tu vida la literatura. En una entrevista leí que escribir es tu manera de enfocarte y re direccionar la memoria, los recuerdos… Y leer, ¿es un placer o una disciplina, parte del aprendizaje?

Yo diría que uno empieza leyendo por placer, por gusto. Luego, más adelante, cuando uno tiene esa inquietud por empezar a escribir, cambia la forma en la que se lee, de alguna manera ya nunca más se volverá a hacerlo de la manera en la que se hacía al inicio.

De repente se lee un poco como intentando ver que hay detrás, intentando entender cuál es el truco, por qué funciona, cómo se acelera o cómo se sostiene un texto. Se vuelve también un intento de robo, las ganas de “tomar prestada” la forma de escribir del otro. Es una lectura mucho más consciente, es un gran descubrimiento, o bueno, un gran ejercicio, pero por otro lado es también una gran pérdida.

Escribir se vuelve con el tiempo en una necesidad. No pasa siempre que uno escribe, pero a veces se siente un vértigo muy emocionante, es apenas un 5% del proceso de escritura, el resto es trabajar y reescribir y corregir, pero ese 5% es tan fuerte que uno siempre quiere volver a sentirlo, pero bueno, como todo, no siempre se vuelve a sentir y es por eso que uno lo intenta de nuevo al día siguiente, es extraño, supongo que escribir es una forma de intentar recuperar el vértigo.

 ¿Quiénes son tus grandes influencias y, cuando necesitas consumir arte nuevo, dónde encontrás inspiración?

Yo creo que Raymond Carver, Georges Perec, Dennis Johnson y Kurt Vonnegut, son algunos de los autores a los que regreso seguido, o bueno, son más bien los que nunca se van, siempre están ahí, al fondo. La “inspiración” para escribir no siempre viene de un registro literario, muchas veces es algo ajeno a los libros, en el caso de Whisky es una selección de fotos viejas que mi mamá guardaba en álbumes familiares.

¿De dónde nació la necesidad de escribir Whisky y cómo fue ese proceso creativo específico?

Mis primeros dos libros, Reparticiones y Veintidós, se fueron escribiendo por una suerte de cúmulo involuntario. Yo no sabía que estaba escribiendo un libro mientras escribía esos textos, eran eso, piezas sueltas. Cuando publiqué esos dos quedé, de alguna forma, con mi bandeja en blanco. Yo sabía que ya nunca más iba a poder escribir de esa forma y la “solución” fue dedicar más tiempo al esqueleto, a que conceptualmente el libro se sostuviera solo antes de escribirlo.

Entonces para 666, Whisky y Nit, sentí la necesidad de establecer, antes de escribir,  una serie de reglas y restricciones que me permitieran ir de alguna u otra forma rellenado los espacios en blanco. A Adrián Flores (con quien trabajo 666 y Whisky) y a mí nos encanta la OULIPO (Taller de Literatura Potencial) y creo que de ahí viene la obsesión con la herramienta, con el diseño de pequeñas máquinas para mentir. Una vez diseñado ese sistema de restricciones, lo que uno tiene que hacer es sentarse y escribir y si no hoy, tal vez funcione mañana.

Whisky, puntualmente, se escribe bajo la premisa de que una imagen vale más que mil palabras. La idea era escoger 24 fotos (como un rollo de 24) e intentar llegar a escribir 999 palabras sin pasarme de ese número. Nunca llegué ni cerca, de los 24 textos hay 18 escritos y todos rondan entre las 300 y 600 palabras. Esas, digamos, semblanzas o pasajes se iban acomodando en 4 columnas de 6 filas, dependiendo si pertenecían a diferentes categorías: el recuerdo, el recuerdo falso, el recuerdo prestado, etc…

Es un ejercicio literario que a su vez es también un ejercicio sobre la memoria y sobre la ficción, y eso lo vuelve una falsa autobiografía. Llegando al final del proceso de escritura de este libro, lo que me asombra es como puede llegar uno a sentir nostalgia por un recuerdo falso, me asombran las ganas de volver a revivir algo que nunca se vivió en primer lugar. Es raro, raro bien.

Todos tenemos una serie de recuerdos que creemos recordar pero que existen solamente porque también existe una foto. La memoria creció basándose en esa foto, pero el recuerdo no es real. Escribir sobre esa memoria es de alguna forma reescribirla. Chris Marker, en Sans Solei, dice que: “no recordamos, reescribimos la memoria como se reescribe la historia. ¿Cómo acordarse de la sed?”.

Whisky son 24 intentos sobre 24 fotos. Detrás del lente, escucho la voz de mi papá que dice “estrújense, digan whisky”, luego viene la luz artificial, el flash incandescente, y entonces todos petrificados para siempre.

 ¿Whisky es ficción también?

Dice Pedro Juan Gutiérrez que lo único que uno puede hacer como escritor es coser una gran pieza con trozos de realidad y trozos de ficción. La gracia consiste en que no se vean las costuras.”

Whisky es, supongo, un intento de lograr eso, de que no se vean los hilos, las puntadas. Los textos tienen un pie puesto en el recuerdo, en la nostalgia y el otro pie en la ficción, en la mentira. Eso de alguna forma corrige la memoria, es como si la versión escrita suplantara a la original.

Recordar es sumarle cosas al recuerdo, es añadirle partes, la memoria se está reescribiendo, se está reconstruyendo siempre.

¿Cuáles planes y proyectos te emocionan para el 2020?

Estoy trabajando con Neto Villalobos en una película que se llama Amor es el Monstruo, tenemos más o menos un año de haber iniciado y la verdad me emociona mucho. Al lado de Whisky se han venido formando otros posibles libros, Babel es una especie de bitácora constructiva en la que el lenguaje se va deformando, Nit es un atlas falso de 88 constelaciones y en el 2020, ojalá, también se publiquen los tres tomos completos de 666, es decir, los 18 infiernos personales en un solo volumen, más gordo, pero siempre pequeño.

Whisky se escribió  en gran parte gracias a la Residencia Artística del Hotel Belmar 2019, en Monteverde. Pueden seguir de cerca a Diego van der Laat en su cuenta de IG @diego.vanderlaat

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