La ansiedad y la depresión han calado en la población sin distinción de edad, género o condición socioeconómica. Ambas se caracterizan por ser manifestaciones de pensamientos y creencias negativas que pueden impactar profundamente la percepción de nuestra realidad, afectando el desempeño laboral, la relación de pareja, el vínculo con la familia y la vida social en general.

Por Marjorie Espinal. Ilustración: Ana María Jiménez.

Cada día los trastornos de salud mental son menos estigmatizados y se ha vuelto más común hablar de ellos. El año 2018 abrió la brecha para que temas como la depresión y la ansiedad, y sus diversas consecuencias, fueran un tópico recurrente en los medios de comunicación y las redes sociales.
Sin embargo, explicar la experiencia de vivir con una condición como la depresión o la ansiedad resulta verdaderamente difícil y salir adelante se convierte en un gran reto, tanto para quien lo vive como para sus familiares, impidiendo muchas veces recibir ayuda adecuada en el momento indicado.

“Muchas veces las personas en estos estados no buscan ayuda porque creen que ya han agotado sus posibilidades. Desde la terapia holística también sabemos que la persona debe querer ayuda para tener efectos más rápidos y positivos. Es importante que los amigos o familiares los apoyen y motiven a buscar ayuda. En terapia acompañamos a la persona a sentirse acogido, sin juicio y sostenido, desde un espacio seguro”, explica Iliana Cabañas, especialista en terapia de Biodescodificación Celular.

La ansiedad: aprender a bajar el ritmo

La ansiedad es una emoción natural que forma parte de nuestros mecanismos de supervivencia biológicos. Pero cuando esa ansiedad rebasa la capacidad adaptativa de la persona se convierte en la patología conocida como Trastorno de Ansiedad, el cual implica vivir en miedo constante y fuera de la realidad, la persona vive en angustia, sintiéndose minimizada, poco apreciada, con necesidad de control e inseguridad extrema. Hace que nos proyectemos hacia el futuro con miedo, temiéndole a algo que no ha llegado y, en la realidad, puede que nunca llegue.

Tanto la ansiedad como los ataques de pánico que desencadena pueden sentirse como un ataque cardíaco, pueden provocar mareos, pérdida de equilibrio, aumento del ritmo cardíaco, náuseas, malestar en el pecho o dolor, sensación de ahogo y sudoración.

Herramientas para sobrellevar la ansiedad:

-Despejarse por un momento: es imposible pensar con claridad cuando te está con preocupaciones y miedo. Lo primero que se debe hacer es tomarse un descanso para poder calmarse físicamente. Alejarse de la preocupación durante 15 minutos se puede lograr con una siesta, caminando por el barrio, tomando una taza de té o un baño.

-Aprender a respirar: la técnica más recomendada durante estos ataques es respirar de manera regular, inhalando por la nariz y exhalando por la boca, ya que las respiraciones muy profundas o muy superficiales presentan sus propios problemas: las respiraciones profundas exacerban el problema al alargar la hiperventilación que comúnmente ocurre durante un ataque, mientras que respirar con poca profundidad puede causar una sensación de asfixia y aumentar los niveles de terror que suele sentir la persona.

-La práctica del grounding: puede quitarse los zapatos y las medias, llevando su atención a la sensación del suelo en la planta de los pies. Esta es una práctica también conocida como grounding o conexión con la tierra que permite reconectarse con los electrones de la tierra, propiciando muchos beneficios saludables.

Para tener esa conexión con la tierra, busque un espacio de naturaleza con tierra, zacate o arena y párese ahí con sus pies descalzos y la espalda firme, abriendo su pecho. Lo que viene a continuación tiene que ver con la atención plena: imagine que toda la energía tóxica, negativa y ansiosa está fluyendo a través de su cuerpo y hacia la tierra, luego, imagine que todos los nutrientes, minerales, vitaminas y energía positiva de ese espacio de naturaleza ahora fluyen de la tierra hacia su cuerpo.

Al inicio de un ataque de pánico lo recomendable es excusarse de cualquier situación en la que se encuentre, ya sea de trabajo o una reunión social, y buscar un lugar tranquilo para recuperarse.

-Meditación en movimiento: la práctica de la meditación es muy recomendada para quienes sufren de ansiedad y ataques de pánico. “Precisamente, como muchas de estas personas están inhibidas y ensimismadas, se recomienda una meditación en movimiento desde una consciencia corporal que permita volver al cuerpo, sentirlo, experimentarlo, vibrarlo, pues desde un movimiento consciente se afloran emociones”, recomienda Iliana Cabañas, terapeuta holística y especialista de Biodescodificación Celular.

Con una meditación en movimiento la persona puede dejar de estar tanto en su cabeza o su emoción, y conectar corporalmente honrando todo lo que siente: enojo, frustración, dolor y todas las sensaciones corporales como presión en el pecho, pesadez en las manos, leve dolor de cabeza, rigidez.

“La palabra movimiento termina con el sufijo miento que significa “acción y efecto”. Después de varias meditaciones en movimiento y volver al cuerpo, podemos pasar a otro tipo de meditaciones con atención más plena, permitiendo al paciente sentir todo lo que se siente desde un lugar de mayor calma”, asegura Iliana Cabañas.

Compartir los miedos los reducirá enormemente, es ideal hablar con un amigo o familiar para ver las situaciones que nos preocupan desde otra perspectiva y entender que el miedo no es tan grande como parece.

La depresión: retomando el poder

Por otro lado, la depresión es un trastorno mental frecuente caracterizado por la presencia de tristeza, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración.
Esta condición es distinta de las variaciones comunes del estado de ánimo y de las respuestas emocionales a los problemas del día a día. Puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración, su intensidad puede pasar de moderada a grave causando gran sufrimiento, generando dificultades para vivir en el momento presente y disfrutar la vida.

Este trastorno es el resultado de interacciones complejas entre factores sociales, psicológicos y biológicos. Quienes han pasado por circunstancias adversas como luto, desempleo, divorcio o traumas psicológicos, tienen más probabilidades de sufrir depresión.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la depresión afecta a más de 300 millones de personas y es la cuarta enfermedad que más incapacidad provoca en el mundo.

Estas estadísticas reflejan que cerca del 20% de las personas padecen de una depresión a lo largo de su vida, y el 70% de los pacientes con depresión son mujeres. La OMS considera que su frecuencia aumentará en los próximos años y que pasará del cuarto puesto al segundo en la lista de enfermedades que generan más incapacidad. Por ello, es clave identificar los síntomas, hablar de nuestros problemas con personas de nuestra confianza y no esperar para buscar psicoterapia.

“Muchas veces se disminuye, minimiza y discrimina a la persona por su situación. Le hacen sentir que si piensa positivo, saldrá de eso, que tenga fuerza de voluntad y que todo está en su cabeza. Si esto fuera así entonces mucha gente estaría bien desde hace tiempo. Pero las estadísticas nos hacen ver que más bien son síntomas que crecen día a día. Desde la Descodificación Celular sabemos que la persona con depresión vivió varios conflictos biológicos muy seguidos uno del otro sin resolver, y que se mantienen activos terminando en un síntoma comportamental o mental. Y es preciso ir y descodificar cada evento del conflicto activo para que la persona pueda resolver y regrese a su estado de placer y gozo natural”, explica la terapeuta.

Hay diversos tipos de depresión, el tratamiento variará de un paciente a otro y, aunque existe un razonable consenso en el tratamiento de los trastornos depresivos, cada paciente va a necesitar un abordaje específico. La terapia psicológica cognitivo-conductual y la terapia psicológica interpersonal han resultado altamente eficaces como técnicas terapéuticas en el tratamiento de estos trastornos.

Si padece síntomas de depresión, busque ayuda profesional y pídale a sus familiares que lo ayuden con una llamada diaria o semanal, para tener siempre alguien con quien conversar y hablar de sus sentimientos. No fuimos diseñados para sobrevivir en soledad, así que no tenga miedo de necesitar ayuda.

Iliana Cabañas, Terapeuta de Descodificación Celular.
(506) 8346-8913.
Fuente: Organización Mundial de la Salud.