Los últimos días han sido lindísimos, como ya saben decidí quedarme en mi casa estas vacaciones, disfrutando de lo que casi nunca puedo y que a lo mejor para ustedes es muy común: disfrutar de mi familia, de mi mascota, de no tener nada que hacer y de momentos de soledad también. Mientras veo tantas fotos en Facebook y en Instagram de todos los viajes maravillosos que muchos de ustedes están haciendo, no me siento para nada celosa y sigo pensando que tomé la mejor decisión del mundo al quedarme acá, esta ha sido una semana para reflexionar sobre un montón de cosas, para agradecer por todo lo que tengo y para ponerme en orden.

En estos días me he dado cuenta que las cosas más sencillas pueden hacernos infinitamente felices, no sé cuantas veces me he preguntado cuál es el secreto de la felicidad. ¿Cuál? ¿Por qué la felicidad es un estado y no una constante en nuestra vida? ¿Por qué cuando creemos que la tenemos la perdemos tan rápidamente? ¿Por qué, por qué, por qué? Me he dado cuenta que el problema es que creemos que la felicidad es una sensación, y como todas las sensaciones, van y vienen. Claro, podemos propiciar que una sensación se de, pero definitivamente no podemos retenerla. ¿Entonces? ¿Cómo lograr ser felices? Creo que la respuesta no es tan complicada como pensamos, de hecho puede ser bastante sencilla, la felicidad de cada uno se encuentra dentro de cada uno, no está en tu esposo o tu novia, ni en tus amigos o compañeros de trabajo, ni siquiera en tus padres, la felicidad está en nosotros mismos y creo que se enciende o se apaga con una sóla cosa: el amor. El amor es la llama para todo y aunque pueden estar pensando que estoy loca, denme una oportunidad de explicarles lo que he llegado a entender: amar todo y a todos lo cambia todo, amar desde lo más cotidiano hasta lo más grande, amar lo que me rodea, lo que hago y ver la realidad que hay detrás de cada cosa, hasta la más cotidiana; por ejemplo, hacer mi desayuno, algo tan sencillo como eso, si lo hago con pereza lo único que veré son problemas y así empezaré mi día, pero si lo hago con amor, podré ver lo que hay detrás de ese simple desayuno, podré ver que tengo comida, cosa que mucha gente no tiene, podré apreciar que hoy me desperté más tarde de lo usual porque decidí descansar más y pude hacerlo porque tengo libertad sobre mí misma, podré ver que tengo la bendición de tener un trabajo que me permite comprar lo que quiero desayunar, que tengo manos y salud para hacer mi propio desayuno y que vivo en un país que me ofrece todo tipo de oportunidades. Estoy escribiéndoles este texto y no lo veo como una pereza por que tengo que trabajar en mi día libre, todo lo contrario, amo lo que hago y eso implica ver toda la infinidad de bendiciones que hay detrás de cada cosa. Definitivamente el arte de ser felices está en amar lo más pequeño y que a menudo es tomado por insignificante. ¿Por qué? ¿Qué mérito tiene y qué diferencia hace amar las grandes cosas? Aprender a apreciar lo pequeño, lo poco, esa si es una escuela para aprender a ser feliz con todo lo demás.

Se preguntarán, ¿y qué pasa con los problemas? ¿no nos quitan la felicidad? Pues sí, los problemas pueden hacer eso, pero amar todo inevitablemente hace que uno trate de hacer las cosas bien y eso da una paz tremenda en el corazón y es ahí, justo ahí adonde está la clave para afrontar los problemas. Hoy puedo decirles que nunca he tenido ni un sólo problema que no haya tenido un propósito superior, una razón y siempre, siempre, siempre, han surgido cosas maravillosas después de cada problema que haya tenido, hasta el más terrible de ellos. Los problemas se viven de manera diferente cuando uno tiene paz en el corazón y cuando logra entender que cada prueba tiene un propósito y que hasta el mayor dolor tiene sentido si sabemos dárselo, si confiamos y tenemos fe.

Estos días me han permitido reflexionar no sobre lo macro, a veces creemos que la felicidad, la paz, el amor, son sentimientos que surgen de grandes cosas, de grandes logros, de experiencias increíbles, de personas perfectas, pero hoy me doy cuenta de que no es así. Mi reflexión ha sido sobre la importancia de lo cotidiano, de lo usual, de lo normal, es ahí en donde nos desarrollamos la mayor parte del tiempo, y si hacemos lo cotidiano con todo el amor del mundo, todo lo demás resultará aún más hermoso y valioso.

El éxito y la felicidad no está en los grandes logros, está en vivir en paz con las pequeñas decisiones que tomamos todos los días y que son las que verdaderamente forjan el carácter y se convierten en una radiografía de lo que somos. Las pequeñas cosas que hacemos todos los días son las que nos definen, las que nos traen paz y las que nos ayudan a sembrar para el futuro.

“No es quien baila mejor, sino quien disfruta más haciéndolo”

¡Un beso a todos! El look de hoy está muy chiva, no olviden verlo 😉

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Fotografía: Maripaz Howell