Héctor Alvarado es un escultor mexicano que, más que trabajar con piedra, tiene el poder de moldearla de manera que el agua, el aire y el movimiento se vuelven parte de la roca, dando vida a la pieza.

Por Esteban G Villanueva. Fotos: VIRIDIANA
@estebangvillanueva

Comenzó en la escultura hace casi 20 años, donde, recién graduado de Ingeniería Industrial, decidió que no quería una vida de prisas y carreras, la meta no era producir aceleradamente cientos de piezas iguales, sino que deseaba dar tiempo y encontrar la verdadera belleza en los materiales con los que trabajaba.

Casado con el mármol, tiene desde el año 2000 aprendiendo y practicando su moldeado y esculpido. Con una técnica impecable, logra plasmar en la piedra el movimiento de una gota al caer o de la luz al alejarse de un centro.

Para él, esculpir se trata de impregnar en una piedra una forma de ver la vida, un momento o un pensamiento. Trabaja sobre temas que le mueven, que le ponen a pensar y le capturan en filosofías sobre la vida y el universo.

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Una colección de sus obras, Vórtice, se fundamenta en el constante movimiento helicoidal que existe en miniaturas, como los átomos, o macro momentos como las galaxias. Realmente, para Héctor, esculpir le ha permitido hacer una pausa y realmente vivir cada momento de su existencia.

El artista hace hincapié en la importancia de la cultura para la sociedad pues muchas veces, se hace una interpretación de las artes plásticas, musicales o literarias como un lujo, como un extra a la vida. Héctor sostiene una teoría de que estas representaciones de la cultura son tan importantes como la economìa, ciencia y medicina, ya que todas juntas mantienen y moldean las sociedades en las que vivimos.

Piezas esenciales de cada una de ellas. De igual forma, hace un llamado a romper el paradigma de competencia en que vivimos hacia uno de cooperación, en donde cada quien, con su misión de vida, aporte a la sociedad.

Él ya se encuentra haciéndolo con sus obras e invita a todos a hacerlo, cada quien a su manera.