Un idioma en común nos une, pero culturalmente somos muy diferentes. Uno de los desafíos más grandes de la región es aprender a hacer esfuerzos colectivos.

Por Camila Straschnoy.

La moda en Latinoamérica es tan variada como su estructura social. Estos nuevos diseñadores buscan generar propuestas personales, con improntas locales y nuevas construcciones estéticas que rompen las reglas pre establecidas.

La región se ha convertido en un fenómeno único en cuanto al desarrollo y el consumo de estéticas locales. Siendo Brasil, México y Colombia los países que han dominado la escena de la moda, tanto por el volumen económico de su mercado y el poder adquisitivo de sus consumidores, como en la influencia de sus semanas de la moda nacionales y diseñadores locales.

Colombia ha tenido un crecimiento en la industria de la moda increíble durante años, y ahora vemos talentos como Johanna Ortiz quién ha construido un negocio increíble. En México hay marcas exquisitas en cuanto a su propuesta estética y su confección, como Olmos y Flores, así como también un arsenal de artesanos de la industria textil asombrosos.

También hay otros mercados sólidos como el de Perú, con sus exquisitas materias primas, y países como Argentina en el cual la vanguardia en diseño es moneda corriente y vemos muchísimo talento entrelazado con innovación, como lo demuestra la marca sostenible CHAIN. Evidentemente ha habido un despertar.

Los hechos demuestran que la región sigue en crecimiento. En este contexto, no es una rareza que la semana de la moda de San José esté dando pasos agigantados y sólidos, posicionándose como el centro de la moda centroamericana.

No sólo destaca talentos nacionales, como la excelente última colección del dúo Toribio y Donato, sino que también invita a talentos emergentes de países vecinos, como Lia Cohen y Mariandrée Gaitán de Guatemala y Shantall Lacayo de Nicaragua, a brillar en sus pasarelas.

Esta visión integradora y democrática, que pareciera ser una obviedad pero es una rareza en Latinoamérica, le permite posicionarse de manera estratégica en el continente, sentando las bases para una industria más integrada y colaborativa.

Unir fuerzas será central en el desarrollo de una industria latinoamericana sólida. Algunos países tienen economías más fuertes, otros tienen las materia primas más refinadas, mientras que otros encuentran su fortaleza en el diseño o la confección.

Ya se evidencia un consumo más prominente de diseños locales mexicanos y colombianos, por ejemplo, y esto marca el camino para que otras industrias de la región sigan estos pasos. Hay una oportunidad evidente y creciente para el talento latino.

La ola sustentable

Las nuevas tendencias de consumo más localistas, sedientas de innovación y originalidad, y preocupadas por el medio ambiente (léase sustentabilidad), también son factores que contribuyen a los cambios en la industria regional.

Los consumidores están demostrando, a través de sus actitudes de compra, un creciente interés por las compañías que tienen procesos productivos transparentes y sustentables. Están eligiendo productos que perduren en el tiempo y no generen desechos. Algunos compradores tienen una conciencia medioambiental real, otros lo hacen porque “está de moda”, pero no podemos negar que los números demuestran que esta mentalidad está en auge.

Esto genera una ventaja competitiva para un mercado que tradicionalmente está acostumbrado a trabajar en producciones más pequeñas, con materialidades amigables con el medio ambiente que encuentran en sus países, y colaborando con artesanos y comunidades locales.

La ecuación suena interesante. Si pensamos en la combinación que surge de: generar oportunidades para realizar esfuerzos colectivos, dejando los egos de lado y reconociendo los fuertes de cada país, con la conciencia social y medioambiental tallada en el ADN de la moda latina, se consigue crear un escenario ideal para que esta industria siga avanzando. ¿Será que se logrará? Todo indicaría que sí se puede.

IG:@camistraschnoy