Diengo Chou es nuestro food insider, esa persona que te puede recomendar desde el restaurante top que no te podés perder en tu próximo viaje, hasta la boca insignia de algún barcito escondido de San José… Y eso fue precisamente lo que hizo en la primer edición impresa de BLANK, darnos una guía de los mejores “chinchorros de Chepe”. Para saber más de Diengo y su instinto gourmand, invitamos a la artista (y su mejor amiga) Mimian Hsu.

Un punto de vista regido por irreverencia, curiosidad e intensidad – esta es mi descripción de lo que recibimos de Diengo Chou los que lo tenemos en nuestro entorno.

La identidad de Diengo se compone de muchas cosas, el listado es largo y cambiante: un taiwanés que a la vez es tico. Un fotógrafo que también es barista, sommelier, y muchos dicen que es un genio de negocios (yo como prima/amiga puedo decir que en realidad lo que logra es convencer a cualquiera de cualquier idea). Es un necio que es inteligente pero bully, inquieto, impertinente y por eso mismo nunca es aburrido tenerlo cerca. Es esposo y papá pero definitivamente en esos aspectos también es impredecible y poco convencional, dejando a muchos con la boca abierta con sus afirmaciones atrevidas. La combinación de todas sus dimensiones, llenas de riqueza cultural, contradicciones, imperfecciones, aprendizajes, y sensibilidades construyen una persona compleja que con generosidad comparte todo, desde su mesa hasta su conocimiento.

Con respecto a mi introducción Diengo me diría: “Deje de ser tan payasa, yo soy como todos los demás Mimian, nada más que digo lo que pienso sin filtro.” En la segunda parte tiene razón, en la primera está equivocado. El error está en creer que eso que él dice sin filtros con tanta franqueza y muchas veces sarcasmo y palabras afiladas, que sus conclusiones y su manera de ver el mundo que lo rodea es algo que “todos los demás”comparten o creen, en realidad la mayoría no pensamos ni vemos las cosas como él las piensa y esa es una de las relevancias que siempre ha aportado en mi vida, y en la de muchas personas.

Su perspectiva corresponde a una personalidad alimentada por un ímpetu enorme; una sed y un apetito insaciables por alimentar sus intereses. Posee una curiosidad que como al gato muchas veces lo ha metido en problemas serios pero por su manera de improvisar y de buscar soluciones también han sido situaciones que lo condujeron a descubrir ideas importantes y nuevas. Como la vez que en su adolescencia (ya mayor de edad, pero todavía adolescente) se metió a un casino en San José Centro solo para perder todo y más, unas horas después. Su mesada los siguientes 3 años de vida estudiantil universitaria fue destinada en su gran mayoría a pagar la deuda de su aventura Josefina. Para el gran comelón que es no dudo que su restricción presupuestaria le complicó las cosas al principio, pero rápidamente Diengo aprendió algo que hasta el día de hoy lo ha acercado a lugares y experiencias interesantes: aprendió que se puede comer muy rico con poco presupuesto, solo se trata de perseguir su olfato particularmente afinado para el descubrimiento hasta llegar a uno de sus recovecos escondidos con joyas culinarias.

Como a Diengo las consecuencias de sus acciones, muchas veces terribles, normalmente les logra ver el lugar donde él cosecha ventajas y lecciones, piensa que las cosas siempre le salen bien, lo cual (otra vez) es cierto y no. No es que le salgan siempre bien las cosas, es que tiene una habilidad particular de racionalizar las situaciones como ventajas para sí mismo y por ende aprende mucho de ellas. Esta sensación de bienestar con respecto a sus acciones lo han hecho una persona particularmente irreverente. Diengo que nació con escasos filtros para comunicarse con los demás además hace lo que le da la gana porque “las cosas le salen”. A pesar que es una característica que genera ruido en nuestras interacciones, cuando necesito ampliar mi opinión me gusta consultarle porque siempre sé que su posición va a ser diametralmente opuesta a la mía pero auténtica y honesta, y esto es justamente lo que necesito la mayoría de las veces: entender que hay muchas maneras de ver y hacer las cosas, y tener a alguien que se rige por sí mismo de una manera tan autónoma es la medicina que necesito con respecto a mis posiciones. Ese es Diengo en mi vida, pero más importante y relevante: eso es lo que ejerce en su contexto – una opinión irreverente pero auténtica y honesta, llena de los conflictos y complejidades.

Diengo busca con intensidad saciar su curiosidad, cuando algo le interesa se obsesiona por obtener toda la información y las destrezas del tema y aprender. Luego toma todo el conocimiento nuevo y nos bombardea a los demás con sus nuevos descubrimientos. Cuando se apasionó por el café tuve que sentarme a escucharlo hablar horas sobre la producción, lo que le pasa químicamente a los granos, la temperatura, las máquinas, las notas, los baristas, los métodos de extracción, incluso una vez me puso a oler el vaso antes de servir el café porque todo afecta, todo tiñe, y yo me aguantaba porque el capuccino que aprendió a hacer en esta etapa obsesiva es el mejor que hay en Costa Rica. Luego me di cuenta que todo lo que decía en realidad sí afectaba mi experiencia al tomar ese capuccino, y me afectó también todas las experiencias siguientes incluso cuando él no estaba cerca. Entre su necedad e intensidad para comunicarme sus conclusiones, y por el hecho que no se calla (touché) aprendí, y aprendí mucho: datos, pero también a sentir.

Diengo es un gran contrapunto en mi vida y lo es porque me empuja (a veces literalmente) a aprender pensando y sintiendo al mismo tiempo. Porque este empuje muchas veces incómodo e inesperado es uno genuino y lleno de generosidad. Es una guía para mí y los que lo escuchamos para “hacer lo que nos da la gana”, aunque sea un poquito.

Mimian Hsu, artista y diseñadora
@mimianh