Cuando la sociedad de una nación se mantiene activa y busca participar en el desarrollo social, económico y político, es posible hablar de una democracia saludable, para ello es necesario que la población tenga acceso al conocimiento y la posibilidad de emprender sin miedo al fracaso.

Por Juan Rojas. Ilustración: Ana María Jiménez.

En el conocimiento está el poder, y en este, la capacidad de una nación para el cambio y el desarrollo. Un pensamiento concreto y simple de expresar, pero que se vuelve utópico ante la realidad, cuando los intereses individuales sobrepasan el bienestar colectivo. Realidad de la que hoy -como país y región- somos parte, observando de cerca casos en los que la democracia es malversada para dejar al pueblo sin el poder y control de su propio destino.

“En cuanto a la prudencia y la estabilidad, afirmo que un pueblo es más prudente, más estable y tiene mejor juicio que un príncipe”, señaló Nicolás Maquiavelo (1469-1527) siglos atrás para señalar la importancia de los gobiernos del pueblo, palabras que cobran eco en la conversación que tuvimos con Álvaro Salas Castro, cofundador de Democracy Lab, un visionario a favor del desarrollo social para una mejor Costa Rica.

Mediante este laboratorio de ideas, Álvaro busca convertir la información en conocimiento para los ciudadanos; en palabras de él: “creemos que la salud de cualquier democracia es directamente proporcional a la calidad y cantidad de participación ciudadana en la gobernabilidad. Por ello nuestro objetivo es brindar a la ciudadanía, el conocimiento que necesita para participar de manera significativa en su propio gobierno”.

El innovador proyecto se gestó ante la situación actual de Latinoamérica, donde tal y como él comenta, el 50% de la población está desilusionada con el sistema democrático. Esto debido a que existe desconfianza y se ha desquebrajado el contrato social entre el sector privado, el sector público y las organizaciones de la sociedad civil. Misma situación que cobra relevancia en el panorama costarricense y ante el cual Álvaro señala el pensamiento apolítico como una solución. “Necesitamos pensar en la Costa Rica que queremos, al igual que lo hicieron los fundadores de la segunda República. El modelo con el que nos regimos está obsoleto y debe de ser replanteado, especialmente al considerar el panorama actual, donde nos enfrentamos a cambios de paradigmas que desplazan el proceso cognitivo de los ciudadanos, tales como la inteligencia artificial, el big data, el machine learning, y la robótica”.

El conocimiento es poder

Álvaro resalta la participación ciudadana como uno de los pilares fundamentales dentro de este proceso, como sociedad debemos evolucionar a un sistema “ciudadanocentrista”, donde el pueblo se involucre de forma activa en la toma de decisiones de índole político, social y cultural. “El conocimiento es poder y progreso” continúa, a la vez que destaca que la difusión de este y el aporte activo de los ciudadanos, son la clave para evitar que se repita la situación de gobiernos autoritarios como Nicaragua, Venezuela y Ecuador.

Es por ello, que actualmente Álvaro trabaja en la creación de canales y puentes para que tanto costarricenses como latinoamericanos tengan la oportunidad de traspasar fronteras y aprender con algunos de los mayores mentores del mundo. “En la tensión y la diversidad se da la innovación y trascendencia”, expresa. Palabras que concuerdan con las del especialista en educación de la Universidad de Harvard, Tony Wagner, quien afirma que la convergencia cultural es la clave detrás de los mayores desarrollos en Silicon Valley.

“Es necesario reactivar la economía y enaltecer el trabajo del emprendedor, perderle el miedo al fracaso”, un reto que señala Álvaro al hablar de la sociedad costarricense. Ante lo cual y en su libro Creando innovadores, Wagner señala que el gran desafío es crear ecosistemas favorables a la innovación -una cultura que fomente la creatividad, celebrando a los innovadores, admirando a los emprendedores y tolerando sus fracasos- para que puedan florecer muchos más.

“Lo que uno sabe es cada vez menos importante, la capacidad de innovar, o sea la habilidad de resolver problemas creativamente o convertir nuevas posibilidades en realidad es mucho más importante que el conocimiento académico”, destaca el confundador de Democracy Lab.

Es necesario restablecer la confianza entre los diferentes sectores, solicitar instituciones robustas con mecanismos que permitan la medición de resultados, y sobretodo, atacar problemas estructurales desde la raíz, basados en datos y mediciones, no en ideologías y dogmas. Por eso, la clave de la democracia está en fomentar el espíritu participativo y creativo de los ciudadanos, en el gobierno que es del pueblo y para el pueblo, o en palabras de Álvaro: en el sistema “ciudadanocentrista”.

Esto implica no solo llevar la información hasta el rincón más alejado de una nación, sino también interesar a lo pobladores a formar parte del cambio, a generar un propio criterio, a innovar y a compartir sus ideales en busca del progreso. Solo así, y como finaliza Álvaro Salas, podremos como país y región, florecer en el panorama global.