La semana pasada estaba almorzando con una amiga de muchos años; una mujer ejemplar, trabajadora, inteligente, luchadora, buena gente y preciosa. No nos veíamos hacía mucho tiempo, desde la Universidad para ser exactos. Entre tema y tema, ya que después de tanto tiempo había muchas historias que contarnos, me habló sobre sus problemas de autoestima, sobre cómo le costaba aceptarse y quererse. Yo no podía creer lo que estaba escuchando. Ella es y siempre ha sido una mujer preciosa y llena de virtudes que al parecer para ella misma eran inexistentes, lo cual la condicionaba en todos los sentidos.

Después de ese encuentro vi una publicidad de Natuvia que me pareció hermosa y muy importante, hablaba de lo fundamental que es la aceptación y lo injustos que podemos llegar a ser con nosotros mismos en todos los niveles. Me puse a pensar en lo duras que somos las mujeres con nosotras mismas, en esta lucha tremenda por la perfección en la que estamos y en los biproductos de ella: el recelo hacia nuestro propio cuerpo y en algunos casos hasta la envidia hacia aquellas mujeres más lindas que nosotras. ¡Qué tontería! En primer lugar basar nuestro amor propio en una lucha que nunca podremos ganar y en segundo lugar generar este círculo de envidia entre nosotras cuando lo último que necesitamos son más trabas como género.

Yo siempre me he considerado por un lado parte del problema y por otro parte de las mujeres que padecen de esta falta de aceptación, porque aunque les cueste creerlo, estoy segura de que hasta las modelos más hermosas tienen estas luchas internas por aceptarse y amarse. ¿Y por qué les digo que soy parte del problema? Porque pertenezco a una industria que amo pero que sé que es en gran medida responsable de estos estándares imposibles de belleza. Estoy consciente de que cambiarla por completo es imposible y que la moda es lo que es, pero sí he procurado desde hace muchos años ser muy sincera con todas ustedes a la hora de hablar de mis propios retos y carencias como una manera de ayudar a las mujeres a tener un panorama más realista de las cosas. No me cansaré de decirles que aunque en una foto me vea “perfecta”, la realidad es muy distinta: tengo poros abiertos, manchas en la cara, arrugas, celulitis, estrías, en fin, un montón de cosas que me alejan de esa figura perfecta que algunas personas piensan que tengo.

Cada ser humano pasa por etapas y en cada una de ellas existen retos propios de la edad. Durante mi adolescencia era una niña súper acomplejada por mi altura y mi delgadez, a mis veinte ya siendo modelo mi lucha era por aceptar que no a todos les gustaba, por fortalecerme y aceptar que me señalaran por ser muy flaca o muy alta o muy rubia … o lo que fuera. Y entrados mis treinta, mi lucha es por aceptar que hay ciertas cosas que inevitablemente están cambiando físicamente y que eso es simplemente parte del proceso vital de cada ser humano.

Aceptarse y quererse no es fácil y representa una lucha constante, pero tenemos que aprender a tener un discurso interno positivo, a decirnos cada mañana en el espejo que estamos hermosas en lugar de resaltar nuestros defectos, a no hablarnos en negativo. En el momento en el que logremos redireccionar nuestra energía en cosas positivas y amarnos y aceptarnos más, nuestra vida entera cambiará para mejor en todos los sentidos.

Aceptarse no es un proceso fácil pero sí es un proceso liberador, hermoso y que tiene el potencial de transformar nuestras vidas para bien. Este texto se lo dedico a mi amiga, una de las mujeres más hermosas que conozco y que no sabe que lo es, y también a empresas como Natuvia que dirigen esfuerzos y capital en dar mensajes tan importantes y valiosos.

¡Les mando un abrazo muy grande de Lunes, mucha paz y mucha luz!

Leona

Fotografía por Maripaz Howell