Últimamente he pensado mucho en un texto maravilloso que escribió hace unos años para una revista la periodista Any Pérez llamado “Letras mal portadas”. En éste hacía referencia a las historias de vida de dos mujeres determinadas, fuertes y revolucionarias para su época. Ese texto me marcó y referencié de inmediato la denominación de “MAL PORTADA” a aquellas mujeres valientes, capaces de ser ellas mismas independientemente del qué dirán, mujeres que se olvidan de los estereotipos que conlleva su género, y que se alejan del satisfacer a una sociedad programada desde antaño para y por los hombres, a la cual nunca le van a quedar del todo bien; en sí, mujeres fuertes que siguen sus ideales más allá del qué piensen y hablen de ellas.

Existen días, en los que me he visto casi que obligada a leer y a releer este texto procurando fortalecerme y entender que si en la sociedad costarricense el éxito es castigado, para una mujer este castigo viene acompañado de alguna excusa generalmente no muy digna. La sociedad en que vivimos usualmente señala que si una mujer es exitosa debe ser porque recibió una herencia o a lo mejor sus “papis” le pusieron los negocios, si posee un cargo alto es porque de fijo se acostó con el jefe o su marido millonario le puso el “negocito”. Son muchos los señalamientos que se suelen hacer, pero de lo que casi ninguna mujer exitosa se salva es de ser llamada “puta”… ¿o es que no saben que la mayoría de mujeres presidentes de una empresa, dueñas de sus negocios y altas ejecutivas, han llegado a esas posiciones porque fueron de cama en cama durante toda su ascendencia al éxito?

Sinceramente, no entiendo por qué los altos logros de una mujer deben estar siempre, o casi siempre (para no caer en generalizaciones), excusados con algo ¿Y saben qué es lo más irónico? Que generalmente las primeras en señalar a una mujer son otras mujeres; las primeras en injuriarla y en desprestigiarla son las que comparten género con ella. Es muy triste ver qué tan poca empatía de género existe y no creo que sea cuestión de tiempos modernos, probablemente las primeras en querer linchar a una Pancha Carrasco fueron las propias mujeres de la época. Definitivamente esto es algo con lo que las “mal portadas” tenemos que vivir, y creo que por eso Any utilizó un término que tiene connotaciones tan tremendas para describirlas. Esto porque la mujer tiene el mismo reto que hace cien años: si quiere trascender, tener éxito o salirse de la norma, haga las cosas bien o no, se va a exponer a que la señalen, y dependiendo de las circunstancias, hasta que jueguen con su dignidad y la injurien.

En lo personal, prefiero ser una “mal portada” que caerle bien a una sociedad que parece aún no estar preparada para mujeres fuertes, luchadoras e independientes. Una mujer “mal portada” sabe que justificarse no sólo es una pérdida de tiempo y no tiene sentido, sino que también implica bajar los brazos, porque las justificaciones sólo promueven una sociedad poco evolucionada y prejuiciosa. Ojalá se acabaran las mal portadas, no porque ellas sucumban ante la sociedad para moldearse y dejar de explotar su potencial, sino porque logren transformar a la sociedad para que a la mujer verdaderamente se le diera la libertad de ser lo que ella quiera, hacer lo que desee y proyectarse al mundo de la manera más honesta consigo misma y con sus ideales, sin tener que dar explicaciones o sin ser etiquetada de nada más que de luchadora.

Leonora

Fotografía por Maripaz Howell