Esta clásica crema de garbanzo ha conquistado nuestros paladares pero, ¿sabemos cuál es la que más nos conviene?

Nos hemos aficionado a la finura de esta crema de garbanzos, a su textura suave, a su mediterráneo exotismo, a la facilidad para preparar y, sobre todo, degustar el hummus de mil maneras distintas.

Tanto ha crecido la afición por esta elaboración que la industria alimentaria se ha propuesto el noble objetivo de librarnos del breve, pero valioso, tiempo que lleva prepararlo. Han hecho suya la receta y le han dado mil vueltas para convertirla en una tentación saludable, barata e inmediata, hasta le han dado sabor a salsa barbacoa para quienes no probarían los garbanzos aunque fuera el único alimento limpio tras una debacle nuclear.

Pero su ayuda tiene consecuencias colaterales: debemos adentrarnos en el terreno de los alimentos procesados, y en este reino necesitamos una buena guía si queremos elegir los productos más sanos y nutritivos.

Más fibra y menos grasa, una combinación ganadora

Se diría que todo el hummus es garbanzo, pero la legumbre no siempre entra como el ingrediente principal. Sí, alguna marca alcanza hasta el 88% de garbanzo en su producto -la lista de ingredientes recoge esta información-, pero lo normal es encontrar cantidades en torno a la mitad, y algunos hummus tienen niveles de este ingrediente inferiores al 40%.

Es interesante asegurarse de que el fabricante no ha rescatimado en los garbanzos, esta legumbre es una importante fuente de proteína de elevada calidad, y tiene una cantidad de grasa muy limitada.

También contiene vitaminas como el ácido fólico y minerales como el calcio y el hierro. Además, los garbanzos son ricos en fibra, y en nuestra población la fibra es un nutriente que normalmente está en déficit, por lo que todo alimento rico en él es, en principio, recomendable.

Es importante buscar la fibra de los garbanzos, pero la cantidad de agua y de tahini (pasta de sésamo) de la receta también influyen en cuánta fibra tendrá el producto final.

La relación entre estos factores puede ser complicada, y puede acabar convirtiéndose en una distracción, así que, una vez detectada la cantidad de garbanzos del producto, no conviene fijarse más en los ingredientes.

Es momento de prestar atención a la tabla de información nutricional, que muestra variaciones sustanciales en este importante componente, en función de la marca: hay hummus que tienen menos de 4 gramos de fibra por cada 100 gramos de producto y otros que contienen más del doble.

Cuanta más fibra, major, si un producto tiene más fibra y menos grasa que otro, es muy probable que sea la elección nutricionalmente más adecuada para la mayoría de las personas. Pero, ¿y si la grasa es aceite de oliva?

No busque la palabra ‘oliva’ si no lleva ‘virgen extra’ detrás

Los aceites que más aparecen en las etiquetas del hummus envasado son el de oliva y el de girasol, pero lo más probable es que, cuando decida que vale la pena descifrar el mensaje que la industria nos lanza a través de la lista de ingredientes, encuentre una mezcla de oliva y girasol.

Ambas son grasas insaturadas, la excepción se debe hacer solo si la etiqueta dice 100% aceite de oliva extra virgen.

Finalmente, el valor energético del hummus de supermercado ronda las 300 kilocalorías por cada 100 gramos, no es un alimento muy calórico, pero podría alcanzar las 400 cuando se bendice con aceite, una vez servido en casa, así que todo recae en nuestra mesura.

El País. Foto: Sean Bernstein.