No es London Fashion Week sin la presentación de la clásica marca inglesa Burberry en sus pasarelas. Cada año, la casa de modas tiene una capacidad de inundar el corazón y la mente de los asistentes con una reminiscencia a Inglaterra y su historia reimaginado a través de las piezas y conceptos puestos sobre el escenario.

Por Esteban G Villanueva
@estebangvillanueva

Este año, una vez más, bajo el comando de Riccardo Tisci se dio el despliegue de arte y diseño tan esperado.

Ahora, ¿qué pasa cuando se mezcla un diseñador de escuela italiana (y nacionalidad) como lo es Tisci con una marca tan inherentemente Inglesa como lo es Burberry?. Hace tres temporadas surgió esta pregunta cuando Riccardo subía a la cabina del capitán, hoy quizá se haya encontrado la respuesta.

Sus primeras dos colecciones exploraron lo que era ser inglés y cómo eso se transmutaba a un diseño o una estética. En esta ocasión es como si Tisci ya tuviese claro su lugar sin ningún tipo de miedo a ser real.

Esta combinación, algo dicotómica, pero siempre exquisita fue la responsable de traer a la pasarela el perfecto drapeado, cortes de precisión milimétrica y, en general, la diversidad y sensualidad europea que caracterizan al diseñador.

Algunos, inclusive, han llegado a decir que este fue el empuje perfecto para la joya de la corona inglesa. Tusci le comentó a Vogue que si bien la gabardina y el patrón de cuadros siempre serán icónicos de la casa, la sociedad y el mundo está cambiando y desean ver nuevas piezas y propuestas, sin importar de donde vienen y una globalización del estilo es hacia donde las marcas deberían impulsarse.

Burberry definitivamente tiene la mira puesta en la conquista y parece ser el mejor competidor de la carrera.

Burberry 3

Burberry 5

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